Eso al menos refleja la
sentencia del Tribunal Supremo que ha resuelto a favor de un recurso interpuesto por los familiares de dos víctimas mortales de un accidente de tráfico ocurrido en 1998 en la autovía A-4 a su paso por Marmolejo (Jaén).
En su sentencia el Tribunal Supremo entiende que el asfalto de la carretera en que se produjo "presentaba deficiencias" lo que provocó que uno de los vehículos implicados en el accidente hiciera aquaplaning al pasar por una balsa de agua existente en la calzada y chocara contra el otro con el fatal desenlace.
La sentencia responde a un recurso que los familiares interpusieron contra una anterior resolución del Consejo de Ministros de 15 de julio de 2005. Dicha resolución entendía que existía una concurrencia de culpas entre el deficiente estado de la calzada y una conducción inadecuada de los perjudicados, sin aportar ninguna prueba de este último extremo.
Anteriormente, la Administración declaró su responsabilidad reconociendo las deficiencias en la cobertura del asfalto, lo que permitía que en caso de lluvia intensa se formara una balsa de agua. Aspecto también recogido en el informe del atestado de la Guardía Civil. Pero también declaró que era culpa del conductor, aunque no especificaba por qué.
El Supremo recuerda en su sentencia que El Consejo de Obras Públicas ya informó a la Administración de que no existía prueba específica que permitiera concretar en qué consistió la negligencia por parte del conductor del vehículo siniestrado, "puesto que la presunta inadecuación de la conducción sólo se puso de manifiesto al coincidir, y no antes, con una circunstancia como era el tramo inundado de la carretera". Así, la sentencia del TS sostiene que, debido al estado que presentaba el asfalto, "no cabe exigir al perjudicado que asuma los perjuicios derivados del daño sufrido en un 50% sobre la base de atribuirle una inadecuada conducción".
En total, el Estado deberá pagar a las familias un total de 160.000 euros por el siniestro mortal.
Esta sentencia, que da la razón a las personas que consideran que el Estado es el culpable de los accidentes de tráfico, creará un referente más allá del judicial y es de esperar una respuesta política y en consecuencia, más inversiones en las carreteras.
Por otra parte, además de la perseverancia de los familiares y de la lentitud de la Justicia, hay que destacar el hecho de que la indefensión que sufre el ciudadano ante la Administración puede ser contrarrestada con la intervención judicial. Me imagino que, parte de la motivación de los familiares sería el hecho de limpiar el honor de sus seres queridos dado que habían sido acusados sin pruebas por lo que, mi enhorabuena a los familiares de Francisco M. G. y de Francisco C.
Personalmente no considero que el estado de las carreteras sea responsable al 100% de los accidentes de tráfico y creo que en ellos concurren numerosas causas. Por otra parte, hay que distinguir entre un accidente de tráfico y un accidente mortal. Entiendo que las diferencias entre uno y otro pueden tener que ver con la responsabilidad del conductor (abrocharse el cinturón de seguridad, velocidad excesiva, consumo de alcohol, etc.) y también con la Administración, dado que está comprobado que una atención inmediata en el lugar del accidente reduce el número de muertos en carretera. De hecho, este último aspecto, es contemplado por ley en países como Alemania y Reino Unido donde han logrado reducir las cifras de muertos en carretera.
Etiquetas: accidentes, leyes, seguridad vial, tráfico